"Escribir algo que no sea explícitamente sobre esta realidad a mí me parece hoy en día un ejercicio revolucionario"
La escritora colombiana radica en Buenos Aires María del Mar Ramón acaba de publicar su nueva novela.
-¿Cuándo empezaste a escribir?
-Recuerdo la escritura como algo muy vital y permanentemente presente en mi vida, creo que el momento como más definitivo quizás fue cuando empecé a publicar. Yo publique mi primer libro en 2018 en Colombia, acá en 2019, era un libro de ensayo feminista. Coger y comer sin culpa. Pero me dejó de interesar la no ficción, como me aturdió un poco.
-¿Cómo es el pase a la ficción?
-Después eso también me dio la confianza de explorar la ficción que es lo que además me interesa hoy en día. Tenía firmado para otro libro de ensayo y me dije no puedo escribir esto, me aburre, no tengo nada para decir, estoy cansada de hablar de mí, no hay nada que me interese menos que mis problemas y mis propias apreciaciones sobre el mundo. Y si llegasen a interesarme me interesa que las digan otros personajes que no sea yo, me interesa explorar los otros registros. Dije no puedo escribir esto y empecé a escribir una novela que tenía que ver con el tema feminista, yo supongo que podría ser una leída como una novela feminista que se llama La Manada.
-¿Vivir en Argentina tiene que ver algo con la literatura?
-Te posibilita la escritura de una manera en la que otro país lo dificulta. Hay una oferta de editoriales independientes, talleres, una amplia oferta de espacios para escribir y de lectores y de lectoras. Siento que mi escritora está super marcada por una posibilidad de escribir que me dio Argentina. De observación y de encuentro con otros escritores y escritoras. A mí me ha sorprendido mucho que la lengua se me transformó mucho también. Uno de mis sueños es escribir una gran novela porteña, pero cuando me siento a escribir la pregunta que aparece siempre es sobre mi propio país.
-¿Y cómo surgió esta novela?
-Había quedado muy obsesionada con la imagen de una casa tomada por el tiempo, tomada por la naturaleza. Me interesaba como reflejo del duelo. Además estaba muy interesada en la relación de los hermanos, en preguntarme por qué es una relación tan intensa. Yo me llevo muy bien con mis hermanos y sin embargo siento que siempre me devuelven a una emoción super primitiva. Hay algo que no pasó la adultez. Pensar en un personaje que tenía que volver a su casa después de mucho tiempo por el duelo de un hermano. Como reconstruir un poco esta vida más lograda de un personaje que tiene o que está casi bajo los mismos estímulos que sus hermanos y sin embargo resulta tan distinto. Y por qué las mismas cosas lo afectan de manera diferente. Y eso fue un poco como la hipótesis sobre la que yo fui también indagando sobre qué era lo que había pasado y por qué. Y ahí en la escritura me fui dando cuenta de que el problema era la memoria.
.¿Qué quiere decir?
-Recordamos distinto a las personas que estuvieron con nosotros en los momentos que nos marcaron. Y esa disonancia del recuerdo para alguien que ha forjado su vida a partir del recuerdo es un problema. Que otros hayan estado y que recuerdan diferente es un problema para la narración que uno se ha hecho sobre lo mismo, para este personaje que no solo se ha hecho una narración para sí mismo, sino para los otros y creo que eso es como lo que va desanudando la novela.
-¿Por qué elegiste la primera persona?
-Me fue muy difícil. Me interesa que el narrador ve poco y tenemos solo lo que oye el narrador. Y eso fue un desafío técnico para mí, muy complejo, no hacer la voz convincente sino que el personaje pudiera mostrarnos ciertas cosas, ocultarnos otras, pero que nosotros como lectores, en algún momento empezáramos a desconfiar de ese narrador y de cómo contaba las cosas.
-¿Y que fuera hombre?
-Creo que esta historia solo puede suceder en una familia de hombres. Tan mal manejo de las emociones y de los traumas solo puede ser gestionado por hombres. Como que siento que esa manera silenciosa de gestionar los afectos y lo que duele, esa represión tan terrible, ese clima tan asfixiante en el que quieren decirse muchas cosas y no se las dicen porque no se puede y porque no saben cómo, no tienen a disposición las palabras, es algo de los hombres. A mí eso me interesaba, que todo se notara que ellos nunca habían tenido las palabras para poder hablar de todo lo que había pasado.
-La casa familiar que siempre ocupa un lugar muy importante en la novela.
- Cuando voy a la casa a la que crecí, hay algo que me pasa en mi cuerpo. No sé si se puede cortar eso, se puede no ir. Pero hay algo de la ruptura de esa ficción. Hay algo de estar en un lugar que no es como uno lo recuerda, que las cosas son más chicas, que como ese contraste de la infancia con la adulta. Quizás sea como una de las pocas cosas, o una de las pocas evidencias, o de las pocas formas de contrastar el recuerdo con la realidad que uno tiene con la adultez. Y es volver a los lugares donde se existirán sus recuerdos. Y eso es terrible porque esos lugares no se parecen tanto al recuerdo. Están totalmente translocados por la memoria.
-¿Te costó dejar a Juan Francisco el protagonista?
-No, yo lo odio. No me costó. Me parece insoportable, yo estaba muy cansada de la persona de él. Pero hay algo de su vulnerabilidad que para mi fue muy especial de inscribir. Al final de la novela yo siento, y esto me ha pasado en las otras, que los personajes en general son más interesantes porque como yo escribo de manera super lineal cuando escribo el final es porque efectivamente estoy llegando al final y yo ya conozco mejor a los personajes. Ya los escucho y el personaje tiene un poco más de juego y se nota que yo lo conozco mejor, que ya habla un poco por sí mismo y se mueve con mayor libertad. Ese despliegue es muy agradable cuando uno ya conoce a sus personajes y es muy divertido, es como un momento súper lúdico. Pero a mi el personaje me agotaba mucho y yo de hecho estaba bastante segura de que la novela no se iba a leer por el personaje. Creo que la gente sigue leyendo la novela porque la gente cree que él va a cambiar.
- ¿Y qué te gustaría que el lector encuentre en tu novela?
- Me interesa que los lectores se sientan identificados con personajes que hacen cosas horribles. Me gusta que la gente se sienta identificada en el ejercicio íntimo de leer, porque es un ejercicio superintimo, hasta uno dice el libro y que uno pueda leer un personaje de muchas maneras desagradable y pueda decir, yo me siento igual a este personaje desagradable. Como que a mí me interesa este ejercicio de empatizar con personajes que son muy distintos a lo que uno cree que es y poder conectar con las pasiones más bajas de los personajes. Creo que he hecho personajes muy pusilánimes porque me gusta mucho que la gente cuando viene y me habla del libro me llega casi en secreto y me sentí muy identificando como si fuera algo muy vergonzoso. Porque creo que me interesa que podamos acercarnos a otras personas a las que consideramos la integridad absoluta en cuanto a su moralidad y que veamos que no es tan difícil ser una persona horrible. Tampoco ser una buena persona, que las decisiones que marcan esos cambios son bastante sencillas de tomar, pero muchas veces no las toma por sentimientos que son conocidos por todos. Me ha sorprendido mucho que este libro le ha parecido muy emotivo a la gente. Los comentarios de las personas han sido de mucha emoción. No sé si era mi intención, pero me parece muy lindo y muy emocionante con mover a alguien con la escritura.
- En tiempos de discursos violentos con discursos ¿qué puede aportar la literatura?
-Imaginación. Hay que poder salir de la coyuntura. Encuentro muy difícil pensar esta coyuntura. Me cuesta entenderla, pasa muy rápido. Y creo que poder tener conversaciones que excedan el minuto a minuto. Empieza a volver un hecho muy fundamental cualquier construcción política, poder pensar fuera de esa inmediatez, poder juntarse con gente, poder juntarse con gente sin el teléfono, poder imaginar otros mundos, imaginar otras alternativas. Siento que es un momento en el que la imaginación cobra una importancia radical y eso es la literatura. Escribir algo que no sea explícitamente sobre esta realidad a mí me parece hoy en día un ejercicio revolucionario.
