ENTREVISTA

"Quienes nos interesamos por los libros nos vamos convirtiendo en una familia"

la escritora argentina Mariana Sández que está viviendo en Madrid, estuvo en Buenos Aires dialogando sobre su novela Una casa llena de gente. 

mripetta

"Quería sobre todo contar una amistad entre dos mujeres con todos los matices que tienen. Las mujeres somos muy intensas para eso. Las relaciones que de repente algo pasa y entra en el juego otros afectos, la envidia, los celos, la rivalidad, lo que te va pasando en la vida y muchas veces así con la misma intensidad como que se formó, se desarma. Entonces me interesaba eso y mostrar justo desde dentro de esa relación, así como una priori piensa siempre de la amistad piensa como algo sano per se., pero si la mirás con lupa, empezas a ver que hay en el medio un montón de otros afectos. Sobre todo creo que entre mujeres, que se llega a un nivel de profundidad súper enorme", dice la escritora argentina Mariana Sández que está viviendo en Madrid.

 

-También están el edificio y los vecinos

 

-Aproveché y tomé esa amistad como el guion conductor para mostrar la convivencia en un edificio, cuando un grupo de personas llega por azar a un lugar y se encuentran conviviendo con completos desconocidos porque de alguna manera te tenés que acercar, poner de acuerdo.

 

 

 la novela
 la novela

-El edificio es muy importante en la novela.

 

-Viví en dos edificios de ese estilo, que para la novela lo fusioné en uno, mezclé cosas de uno y de otro, y construí uno mío. Pero ahí, me di cuenta que la literatura lo que tiene es fascinante cuando escribís, es que te hace salir temas, hace invocar temas que yo no sabía que me importaban, que me interesaban, como por ejemplo las casas, las construcciones, porque después en mis otros libros siempre aparecen. El edificio es súper importante porque tiene su propia voz. Con los ruidos, los sonidos, las escuchas a través de las ventanas, el mirar a partir del jardín.

 

-¿Y de dónde viene tu interés por las casas?

 

-Me doy cuenta ahora, a los 50 años, que la impronta de mis abuelas fue enorme y no me he dado cuenta hasta qué punto. Pero no solo mis abuelas sino más las casas. Una nos cuidaba mucho y la otra íbamos todos los domingos, hacíamos cumpleaños. Entonces evidentemente yo creo que viene por ahí. Son esas dos casas y la personalidad o la presencia de mis abuelas me parece fuertísima. Además algo que me interesa mucho es el análisis de la familia, los vínculos familiares, y la casa es ese pequeño entorno donde podés poner una lupa y fijarte como si fuera la coreografía que se da en una familia, de roles, correspondencias, si uno es muy autoritario, el rol que asume que está al lado, en función de ese comportamiento, se comportan los hijos, como ese ida vuelta interno de una familia. En el edificio me interesa ese tipo de intimidad que lo es por un lado esa privacidad que es privada pero por otro lado está en cierta medida expuesta a los otros y que vos no sabes que hacer con eso. O por ejemplo en España ahora me pasa que la gente cuelga la ropa en las ventanas y vos sacas deducciones, sea, mira, esa gente usa todo ropa azul, esos son paramédicos, son policías. Entonces te vas como haciendo una idea de los otros porque es muy parcial y muy interpretada de tus posibilidades. A mi ese juego de ver y parecer, que es real pero es imaginario, ese juego de la imaginación también me interesaba. Los personajes se van moldeando en función de los otros, como en la vida.

 

Foto Alejandro Guyot. 
Foto Alejandro Guyot. 

-¿Y el título?

 

-Para mí es Una casa llena de gente es la literatura, todos los libros que uno lee, todos los personajes que se van quedando, se van sedimentando unos sobre otros, todos los autores que vas conociendo, después los editores, los libreros, los lectores. Los que nos interesamos por los libros nos vamos como haciendo una familia.

 

-¿Qué te gustaría que encuentre el lector?

 

-Muchos se identifican, cada uno con distintas cosas, distintos personajes, la verdad es que eso es lo que más me gusta. Me han dicho que es una casa de la que no quiero salir, me dijeron mucho, me gustaría seguir en esa casa. Y otra chica, por ejemplo, dijo, terminé el libro y me escribí en letras, me convenciste, dijo, sea, ese amor por la literatura. Creo que las dos cosas, el hecho de que la familia les resulte cálida, cercana, identificable y que transmita el amor por la literatura y que se diviertan también, porque para mí el humor no deja de ser importante.

 

-¿Qué rol o qué puede aportar la literatura? 

 

-Mi frase que tenía siempre en las redes es donde hay libros me detengo. Y es verdad, o sea, el arte es un detener. Si vas a un museo te detenés ante la obra, si escuchas música te detenés a deleitarte. Si detenés todo lo otro para. Dejás de funcionar en lo otro para meterte en ese mundo. Creo que es una resistencia contra los horrores que están pasando, que se matan y acribillan gente por un pedazo de tierra o por religión o por ideología o lo que sea.

 

-¿Qué te dio a vos la posibilidad de escribir?

 

-Eso es un cable a tierra en el sentido de que para mí es una enorme descarga. Como preservar mucho el lugar donde querés estar, el lugar y el tiempo que realmente queres. Todo lo demás es un poco añadido para mí. Yo quiero estar ahí. Creo que hace que me sea posible llevar mejor todo lo otro. Yo creo que sin este espacio estaría loca o me pasaría maltratando a la gente alrededor mío porque no estaría contenta, no estaría bien. Saber que si te dedicás eso, después puedes afrontar mejor el resto.

 

Foto Alejandro Guyot.  
Foto Alejandro Guyot.  

-¿Y el hecho de vivir fuera de Argentina te cambió la mirada a la hora de escribir?

-Bastante porque me estoy reencontrando con Buenos Aires desde otro lugar. Y la sensación bastante inexplicable de ser, pero no ser de un lugar. Al no estar sentí que hay muchas cosas que cada vez que llego me toca acostumbrar como a los billetes. Entonces te empezas a plantear preguntas de extrañamiento, de distanciamiento, con una realidad que antes éramos cotidianas. Pensar distinto a la ciudad y pensarla de otro lugar.

 

-Tus historias transcurren en Buenos Aires

 

-Me siento más cómoda en mi lengua, al final lo representa todo: la manera de hablar es la manera de pensar, es la manera en que nos relacionamos. Estando allá escucho gente que te habla en argentino, ya te recolocas ante esa persona. Hay una familiaridad inmediata.

 

 

 

 

 

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