Tosca en el Teatro Avenida: una sencilla puesta para una interpretación poderosa

La ópera de Giacomo Puccini mantiene vigencia temática y lirica. 

mripetta

Las grandes obras funcionan en cualquier contexto. Digamos que amor, política, celos, corrupción, pasión, idealismo y muerte podrían indicar el presente de cualquier ciudad. Sin embargo, hablamos de Roma y de esos comienzos turbulentos del siglo XIX. Giacomo Puccini tomó ese contexto, entonces un pasado aún presente y funcional, para crear su Tosca, donde desnuda miserias y exalta virtudes que continúan siendo actuales. La puesta de este clásico recibida por el teatro Avenida es en apariencia sencilla en su imagen, pero intensa y exigente en clima, definido por el liris, la tensión y dramatismo en la precisa batuta del joven maestro Javier Bellisoni.

 

Con una ambientación minimalista de muy rica iluminación diseñada por maestro Óscar Bonardi, la obra estrenada en 1900 se mantiene vigente por su fuerza dramática, su inconfundible belleza musical, así como por dramatizar conceptos que sobreviven en cualquier sociedad. Esta puesta es efectivamente funcional: Puccini sabía cómo hacer que los tonos y temas de la partitura evocaran conflictos y personajes, casi a la manera del cine posterior, sin necesidad de abundar en decorados. Todo está en la combinación entre el drama y la partitura: opera en estado puro.

La historia, narrada en tres actos, comienza cuando el ex cónsul de la extinta República de Roma, Cesar Angelotti, huye de prisión y consigue refugio en casa de su amigo, el pintor Mario Cavaradossi, interpretado por el tenor Cristian Taleb, quien trasmite sin fisuras los sentimientos de su personaje.

 

Amante de la diva Floria Tosca -encarnada por la experimentada soprano Haydée Dabusti-, Cavaradossi lucha y sufre por sus ideales bonapartistas, mientras que, enferma de celos, Tosca es manipulada y perversamente deseada por el temible jefe de policía Scarpia, a cargo del brillante barítono Leonardo Estévez.

 

El coro IMMA -dirigido por el maestro Pablo Manzane- aporta un color especial a las pocas horas donde la pasión desborda, suenan gritos de tortura y brota sangre. Mario es torturado y ajusticiado. También llega una información clave: el bando monárquico ha claudicado frente al ejército de Napoleón en la batalla de Marengo. Puccini comprendía uno de los grandes temas de la modernidad: el peso -y la carga- del individuo ante la Historia con mayúscula. Así, el drama pasional es indistinguible -espejo y contracara- de la efeméride.

 

Basada en la obra del francés Victien Sardou, Tosca sigue representando con efusividad las profundas emociones humanas. Interpela y conmueve: es un poema sobre el amor, la resistencia y la valentía, y las tres cosas se resumen como hilos sanguíneos en un tapiz apasionado, en una versión de elenco perfecto bajo la conducción del maestro Sergio Sosa Battaglia. Tosca es un ayer que sigue hablando del hoy, y que seguirá vigente mañana.

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