“La literatura existe para dejar temas incómodos en el tablero”
Gustavo Rodríguez ganó el premio Alfaguara con su noevela Cien cuyes. El escritor peruano estuvo en Buenos Aires para presentarla en la Feria del Libro.
"La muerte digna es un tema de la novela junto a la soledad de los ancianos. La naturalización de la muerte sí me viene acompañando desde hace años. De hecho tengo un cuento infantil escrito que todavía no se publica que habla sobre la muerte de una familia, cómo sobrellevarla y cómo hablar de ella naturalmente", dice el escritor peruano, ganador del premio Alfaguara, Gustavo Rodríguez.
"La muerte es el gran tabú de nuestra época. De sexo se habla muchísimo más que de la muerte. Creo que en nuestras sociedades la muerte está más presente como espectáculo, como sensacionalismo, como sicariato, como el sinónimo de violencia, y no como un proceso natural que nos acompaña desde que nacemos. Preparamos muchísimo más para los nacimientos que para las muertes. Creo que cuando menos hablas de algo por temor a que se haga realidad, pues cuando se hace realidad eso te aplasta de peor manera. Por eso con mis hijas desde que eran pequeñas, siempre hablamos de mi propia muerte, un poco en broma, con humor negro de mi parte", relata el autor café de por medio durante su visita a Buenos Aires para participar de la Feria del Libro.
"Esta novela habla de la muerte, pero creo que por sobre todo celebra la vida. Nadie quiere pensar lo que es la vejez, como si ninguno de nosotros nos hubiéramos convertido en viejo. Si no queremos reconocer que nos vamos a morir de manera natural tampoco queremos reconocer pues el estadio previo que es obviamente el envejecimiento. Y es paradójico que siendo sociedades que cada vez se llenan de ancianos, tengamos cada vez más aplicaciones en el teléfono que oculta nuestro propio envejecimiento. Estos filtros que ocultan como estamos. Me parece que es una contradicción que nos va a estallar en la cara a menos que hablemos claramente de esto. Somos sociedades cada vez mayores y que tenemos que ir acomodándonos a esa realidad. Creo que es uno de los grandes debates que vamos a tener como sociedad. Afrontar que estamos envejeciendo y que envejecer más allá de lo que estaba predestinado nuestro organismo por evolución nos va a hacer tener que tomar decisiones. ¿De qué sirve llegar a demasiado viejo cuando tus facultades no están a la altura de tu armonía?. La literatura existe entre otras cosas para dejar temas incómodos en el tablero y que seamos nosotros quienes debatamos sobre ello.
-¿Cómo surgió la historia?
-Es verdad ese cliché de que uno no escoge el tema, sino que el tema le va llegando a uno. En mi caso responde a una motivación egoísta, como ha ocurrido con todas mis novelas, una preocupación personal. Cuando uno llega a cierta edad ya a intuir cómo viene el camino. Ves cómo tus papás van envejeciendo, tus mentores también. Empiezan a morir. Entonces uno va sintiendo que va quedando primero en la fila y empieza a hacerse preguntas. Y es de las preguntas que me empecé a hacer hace unos años que finalmente terminó este nacimiento de esta novela. Que al mismo tiempo tiene mucho humor.
"Soy un tipo autodidacta. No tengo título universitario, pero mi universidad han sido las personas mayores que han sido generosas conmigo, con sus conocimientos. Por eso es que quizá también me de cierta preocupación el hecho de ver cómo se estereotipa a las personas mayores olvidándonos que debajo de ellos, debajo de esa corteza que solemos ver hay gente que coronó montañas, que tuvo ilusiones, que vivió revoluciones que pasó por cosas peores que las nuestras probablemente", agrega.
- Eufrasia el personaje de cuidadora de ancianos es quien hila las historias de todos ellos.
-Creo que al elegir un personaje así también ayudo a retratar una realidad social. Y es que en países como el tuyo, como el mío, como el tuyo, gran parte de los cuidados se los damos a mujeres en primer lugar y de extracción social menor que la de las casas en las que trabajan. De alguna manera, en Eufrasia también se condensa el perfil de la mujer migrante, en el caso de ella andina, a la ciudad. Eufrasia es una mujer luchadora, bondadosa, pero también las características de una sociedad que obliga a la gente a tener que migrar de su tierra para conseguir una mejor vida. Hogares con mayor poder adquisitivo contratan a personas de menor poder adquisitivo para cuidar a sus ancianos. Son las cuidadoras o los cuidadores quienes tienen que descuidar a sus hijos o a sus familias para poder suplir lo que los hijos o las familias no pueden atender.
-¿Qué es lo que te gustaría que el lector encuentre en la novela?
-Que se haga preguntas que no se haya hecho antes. Una pregunta clave es proyectarse hacia los últimos días de la vida y decirse ¿qué vida valió la pena vivir?. Eso, eso a mí me parece una pregunta clave que me gustaría que se hagan los lectores al ponerse un poquito en los zapatos de los ancianos de esta manera. La realidad la escritura es un trabajo muy solitario, sin ningún tipo de intercambio con nadie. Tú lanzas ese mensaje en una botella y no sabes quién lo va a recibir. De pronto recibir respuestas a mí me impactan.
-¿Y el premio puntualmente que te cambió, que puertas te abrió?
-El premio ha sido una pedrada en el estanque y todavía estoy tratando de evaluar las ondas evidentemente son positivas. Quizás sea la confirmación de que hice bien al seguir mi instinto, de dedicarme a escribir historias y dejar de lado el recinto de comodidad en el que me encontraba. Me dedicaba a hacer publicidad y después a hacer consultorias de comunicación. Económicamente me iba muy bien. Asesoraba a presidentes, a corporaciones pero mientras mis hijas iban creciendo y yo iba viendo que el dinero dejaba de ser una imposición en mi vida pues me preparé para amenguar mis gastos y dedicarme a escribir. Fíjate que me preparé justamente para eso, para vivir solo de escribir y me cae el premio junto con esa decisión.
-¿Cuándo supiste vos que querías ser escritor?
-No lo sé exactamente. Habría que saber qué es ser escritor. Alguien que escribe o alguien que quiere ser publicado. Quería ser alguien que escribe desde niño, trataba de emular a los autores que a mí me impactaban. Así como hay niños que en la calle juegan y en su cabeza son Messi. Yo escribía mis primeros cuentitos con lapicero pensando que era Julio Verne, y de adolescente Cortázar. Pero dentro de mí no estaba el espíritu de publicación. Recién a los 26, 27 años y no paré más. Soy un autodidacta de la escritura. Es una larguísima artesanía y he ido aprendiendo con ensayos y errores.
-¿Qué te da a vos escribir?
-Me da la posibilidad de entender mis propios conflictos. Cuando uno escribe una novela tiene que hacerse miles de preguntas, desde las más tontas a las más profundas. Eso hace que uno reflexione mucho sobre su pasado, sobre sus acciones. En el caso de esta novela, sobre cómo puede ser el futuro. Hay una dimensión también afectiva que creo que se cumple cuando escribo y es que yo soy de esos escritores que te dicen que escriben para que los quieran más. Creo que he escrito esta novela para tener un velorio en vida. Es decir, para que de alguna manera recibir la recepción de la gente mientras puedo escucharla.
-¿Sos capaz de pensar en tu propia muerte?
- Sí, claro. Me estoy preparando para eso. A mí la muerte me preocupa mucho y siempre me proyecto a cómo serán esos últimos momentos, que pensaré y ojalá la tenga una muerte tranquila.
