“Esta novela habla de cómo se cuenta el deseo y de cómo se habla del fracaso”
Ante la hambruna y la escasez de la pesca, todo un pueblo decide partir en expedición en busca del pez dorado y se aventura por el río Paraná. En nueva novela del escritor Ezequiel Pérez utiliza distintos géneros.
"Fue la misma necesidad del texto. Había momentos en donde quería contar determinadas cosas que sucedían y entonces para eso necesitaba una forma de decir particular. Necesitaba narrar algo de la intimidad del personaje, entonces la carta me servía para eso. Necesitaba contar algo del día a día, de cómo se construía lo cotidiano, entonces el diario de viaje me servía un poco para eso. Fui variando esos géneros a medida que la novela me lo iba pidiendo", dice el autor café de por medio.
—¿No lo proyectaste inicialmente?
—En esta novela en particular no me lo manejé con una estructura muy definida. No hice un mapa hacia donde iba y de hecho empecé tanteando un poco la escritura y lo que podía decir esa lengua. A partir de eso se fue construyendo también lo argumental y los personajes.
—No está ubicada en un tiempo determinado
—Quería que fuera así. Es un poco como el tiempo de los mitos, que no se sabe muy bien cuando sucede porque justamente posibilita su repetición. En este caso es una lengua que no se puede anclar en ningún momento, tiene diferentes tradiciones o diferentes ecos de esa lengua que aparece. Hay cosas que aparecen en la novela que distorsionan un poco la temporalidad, como si fuera algo anacrónico. Como capas superpuestas de tiempos diferentes que en realidad no te permiten anclarlo en ningún tiempo en particular. La pregunta que sobrevuela todo el viaje, y es cómo se hace para vivir juntos, cómo se hace para vivir con uno otro.
—¿El dorado podría ser como el deseo?
—En el caso de la novela tiene como esa doble posibilidad, que sea una especie de ilusión de lo que se viene, y que por el otro lado sea algo, es un dorado, tiene carne, es el que te da de comer es decir, está ahí, lo viste, ya lo tocaste, ya sabías cómo era antes de perderlo. También entonces tiene esa dirección, un poco extraña porque vamos hacia el dorado y no sabemos muy bien dónde está. Me parece que tiene esa doble posibilidad que sea una construcción, un deseo. Es lo que mueve a toda esa flota de gente.
—¿Y vos cómo lo definís en el libro?
—Las crónicas indias son en realidad las crónicas que se escribieron durante el periodo colonial. Y crónica tiene que ver con un tipo de estructura, de forma de contar esa experiencia en donde el cronista está en un primer lugar. Está ahí contando lo que le pasó, lo que vio, lo que experimentó sobre un lugar completamente desconocido. Hay una inspiración en eso, obviamente. Es un texto extraño, pero está bien. Está bueno que sea. La novela trata de muchas cosas. Podría decir que es de la historia de un pueblo, narrada por un personaje , en el que se quedan sin pescados, sobre todo sin dorados, que es el pescado que están buscando, y entonces deciden remontar el río o Paraná en busca del dorado. Y en el medio pasan cosas. Suceden muchas cosas. Es difícil definirla.
—¿Había un tema puntual que vos querías tratar?
—No, pero también son muchos temas que de repente fueron apareciendo. Muchas preocupaciones o preguntas porque en realidad más que nada son preguntas ¿Cómo hacemos para vivir juntos? ¿cómo te relacionas en el alrededor? ¿Cómo construís a un otro también desde tu punto de vista? Todas esas preguntas fueron surgiendo. El hambre. El hambre, cómo se cuenta el hambre también, cómo se cuenta la falta, cómo se cuenta el deseo, cómo se habla o cómo se piensa el fracaso también. Todo eso está ahí.
—¿Y vos cuándo supiste que querías ser escritor?
—Escritor no sé. No sé si me plantea alguna vez que iba a ser escritor. Es una imagen, una idea que no sé muy bien qué es. Escribir lo encuentro muy placentero a veces, otras no tanto y que es algo que hago con mucha pasión.
—¿Tenes con alguna rutina?
—No. Soy un poco caótico, pero por una cuestión es de vida. Escribo cuando puedo, donde puedo, donde sale. Por eso no hay ninguna una mística alrededor de la escritura, más que tener un pedazo de mesa y tiempo. Sobre todo tiempo. Puedo escribir en cualquier lado. Es que es lo que un poco la vida te obliga, o por lo menos a mí.
—¿A vos qué te da escribir?
—Es que siempre escribo. Es algo que lo tengo muy incorporado a la vida.
—¿Ya no te imaginas sin escribir?
—Probablemente puedo hacerlo. Y justamente eso es lo que me da la literatura. Que es algo que podría no hacer, que no forma parte de mis funciones vitales. Digo, no puedo dejar de comer, no puedo dejar de tomar agua. Dejar de escribir, pues no. Y no me voy a morir. Sin embargo elijo hacerlo. A pesar de todas las cosas que tiene eso, tener que hacerlo en tiempo que se lo robas a un trabajo, cuando estás cansado, elijo hacerlo.
—Vos das clases en la secundaria. ¿Cuál es la importancia de que los chicos se acerquen a la lectura?¿ Cuál es el rol de la literatura?
—Para mí es fundamental, es importantísimo. Es una forma de mirar el mundo, de situarse en diferentes posiciones, de pensar el alrededor. La literatura me parece fundamental. El lugar que ocupa en la sociedad hoy, lo tengo medio borroso. Creo que uno está a veces muy signado por el alrededor y piensa que tiene una relevancia o una intervención mucho más fuerte de lo que en realidad tiene. Uno se arma en micromundos, donde uno piensa eso.
